Sin ti no soy nada

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Pero no existe herramienta equivocada sino estrategia mal dirigida.

Mis armas pretenden hacerte pensar.
Porque no hay mejor prescriptor que una persona convencida.

No te confundas. Quien crea necesidades nunca será un buen publicista; solo será premios y hasta ascensos  

pero nunca será real.

Mi realidad es mucho más de andar por casa; y mis expectativas… de lo más normal.

Me conformó con que aprendas algo que antes deconocías…
algo que te interese de verdad.

Sin convencionalismos, sin doble moral.

Desde la peligrosidad que representa la palabra en unas cuántas líneas…

desde la humildad de una marketiniana que no concibe ningún producto, sin que exista antes cualquier necesidad.

Porque somos la forma que da vida a las ideas.

Y eso nunca cambiará, por más que unos cuantos se empeñen en incrementar sus egos, solapados bajo edulcorantes y etiquetas de calidad.

Para mí la única forma eficiente de » hacer marketing » es siendo transparente desde el principio y acompañando al consumidor.

Él marca siempre mi ritmo, yo solo ambiento su camino, añadiendo algo de color.

Tu satisfacción… mi reto.
Tu necesidad… mi obligación.

Tu camino… el mío… siempre caminando en la misma dirección.

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El clandestino

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Anclajes y raíles errantes
siempre de aquí para allá;
buscando lo imposible
lo que pudo ser y no será.

El largo camino a casa
bajo un cielo de nubes grises;
sobre unas botas cubiertas de barro,
bajo un sombrero de fantasma desdibujado.

En la boca… tabaco en pipa
la pipa de la Paz;
y un sobrio paraguas negro,
de mercadillo, con mango de madera…
que acompaña cada paso que da.

Apenas dos maletas asoman a un lado,
maletas de mano cansadas de viajar;
que gritan por echar raíces
más pronto que tarde,
antes de que la tormenta…
vuelva a arreciar.

Y ahí va caminando
El Clandestino…
derrochando una ligera » fumata gris «,
que se mezcla con el luto del viento,
y entre nubes de humo…
se esfuma su silueta vil.

En silencio riguroso
al son del Amsterdamer;
ahí va el clandestino
sin prisa pero sin pausa;
hasta que le acompañe el humor.

Hasta que le fallen los huesos…
hasta que se esconda el Sol;

Hasta que llegue el momento de » colgar las botas » para siempre…

y sólo quede la silueta
de un clan destinó cansado pero feliz.

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Cuando construía

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Cuando construía mi primera casa
utilizaba pinceles muy finos;
así trazaba rectas más pulidas
las sombras con más tino.

Cuando daba forma a la puerta
quise que fuera grande,
algo así como un altar;
para que cada compañero
libre y de buenas costumbres
no tuviera problemas al entrar.

El sol y la luna
protegían el interior
de una humilde morada
sin prejuicios, ni temor.

El vigilante
siempre cerca de la puerta principal,
para verificar que los profanos no se cuelen de imprevisto;
para velar por la seguridad.

Flores de acacia en el exterior
se dejan sentir en el interior.
Dando un toque » genuino «
llenando cada rincón de esplendor.

Hoy es Lunes de Puertas.
Clásicas, de madera,
lacadas… da igual.

Lo importante es que al llamar tres veces, halles a quien te acompañe hasta el final.
Entre la oscuridad de dos bellas columnas
que te guiarán en ése viaje.
El viaje hacia la verdad.

No temas quedarte en el camino
no temas la oscuridad,
porque el fuego iluminará tus pasos.
Te acercará hacia la claridad.

Cuando construía mi primera casa
no conocía escuadra ni compás;
pero siempre dejaba la puerta abierta
para acoger de buen grado a todo el que quisiera entrar.

Cuando construía mi primera casa
cuando soñaba con la realidad;
cuando creía saberlo todo
cuando nada conocía en verdad.

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Imagen de Filma Dmitriev.

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