Gritando en silencio

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Imagínate por un momento que eres el » pájaro » de la foto. Y que acompañas al dueñ@ de ese brazo ( porque tiene dueño aunque no esté visible ) durante años… incluso décadas.

Durante mucho tiempo… has cuidado de » sus sueños » con la delicadeza del más noble » pájaro carpintero «; has sido » cómplice » de sus bellas sonrisas… quizás has » aguantado » demasiado.

Pero no es propio de ningún ave » de raza « abandonar a su bandada mientras emigra; mientras muta emociones… mientras sufre en silencio, todo tipo de sin sabores.

Hasta que un día siente que sus alas cargan demasiado; tanto que no puede despegar, y sumido en la desesperanza deja de intentar volar.

Pasado un tiempo demasiado largo, escucha con espectación a uno de los suyos, picando la ventana, incansable…

Al día siguiente vuelve acompañado, con la panza llena, más enérgico que el día anterior y logra, a duras penas, colarse por la ventana, cual experto » okupa » merodeador.

Me pide que le siga los pasos, que es hora de emigrar… hacia tierras africanas, cálidas donde habitar.

Le digo que mis alas pesan demasiado, que África me queda lejos, así para empezar.

Él no entiende y se desespera, y alzando el vuelo se vuelve a alejar una vez más.

Vuelve y vuelve, una vez y otra, y no ceja en su empeño; parece sordo o quizás no quiere escuchar… y así pasan algunos días, una semana, parece nunca echarse atrás.

Cada vez trae a los jefes más respetables de su tribu, y cual » anestesista » con más horas de quirófano, me animan a emprender mi camino junto a ellos, sin mirar atrás.

Le repito cual cansino » papagayo » que yo quiero volar. Pero que mis alas ya no me acompañan ni siquiera para poder despegar.

Todos juzgan y critican… pero nadie me pide que le preste mis zapatos para aligerar el peso de las alas, y así facilitar el viaje, en ese difícil caminar.

Es como si te sintieras testigo y perjudicada en un mismo proceso, en el que sólo deseas recuperar tu libertad. Sin dañar a nada ni a nadie, porque lo último que deseas es » molestar «.

Pero nadie entiende porqué ahora y no antes, todos se animan a juzgar, pero ninguno de ellos estaba presente, cada vez que quebraban sus alas… cada vez un poco más.

Al final el pájaro de pico largo y ojos grandes, se rinde al silencio y deja de creer en el sistema, en la justicia, y hasta en su propia capacidad.

Es sólo la » Crónica de una muerte anunciada » de una larga lista de » códigos no escritos «, de un sistema que lejos de protegerte te coloca en el disparadero… así sin más.

Y, al final, este » avispado « pajarito, cansado agacha la cabeza, exhausto de explicarle las cosas a alguien que no quiere entender, ni siquiera escuchar.

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