¿ Por qué lloras ?

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Era el día siguiente a mi graduación. Volvía a casa con los efectos » a flor de piel » propios de la » resaca » de la noche anterior.

Tras saludar a la siempre amable » funcionaria » de ta taquilla… y de paso ( felicitarle el verano… y todas esas cosas ) me dirigí al autobús, con las prisas habituales de quien aprovecha el momento hasta » última hora «.

El trajín de aquella cálida tarde de junio era propia del protocolo » casi clonado » cada viernes por la tarde.

Una estampa repetida para una ingente » tropa » de estudiantes que cada semana, repetían patrón.
Personas que habían acudido a la » ciudad » por cuestiones médicas… o incluso algo más placenteras, cerraban filas en torno a aquel conocido autobús.

Pero aquél día… además de todas aquellas personas había un » pequeño grupo » que pintaba de un color más claro, aquel impoluto paisaje, casi veraniego.

Ataviados cual Lady Gaga de » oscuras gafas «, camisetas » hawaianas » que recordaban a Ace Ventura y millones de cámaras de fotos, de las de usar y tirar… hoy algo extrañas… conformaban aquel entorno peculiar, digno del Japón más turístico… pero en tierras navarras.

Apretados ( porque casi nunca sobraba espacio ) uno de aquéllos hermosos turistas se sentó a mi lado, como cargado de útiles típicos de aquellas entrañables películas del » genial » Paco Martínez Soria, al que casi no pongo cara, una imagen más cercana de cualquiera que viaja a » Benidorm «.

Pues bien. Hasta aquí pareciera que se trata de una típica instantánea estival, pero os aseguro que había más de » siete diferencias » que hacían de aquella tarde..  una tarde para recordar.

Para empezar, el inmenso respeto que aquel joven mostró desde el minuto cero era » algo » poco habitual.

Bajo la siempre atenta mirada de, al menos dos de sus cuidadores, realmente parecía muy pequeño el margen que aquel » chaval » podía dedicar a la » improvisación «.

Pues a la mínima se acercaban para asegurarse, con la contundencia del alcaide de Escape Imposible » de que » todo iba bien «.

Una vez fuera de la estación, comenzaban los » cánticos » inevitables que obligan al conductor a recordar que la senda es peligrosa… jaja, y que no se » librará » tan fácilmente de » sufrir en carne propia » los desafíos más sonoros, más propios de Karmele Marchante de camino a » Eurovision «.

Recuerdo como si fuera ayer que aquel jovial » veinteañero » se giró hacia mí con la delicadeza propia de quien ha sido entrenado en las mejores familias… y me preguntó:

– ¿ Por qué lloras ?. Ipso factor sacó de su virtuosa mochila ( más propia de Pocholo ) un tesoro sólo digno de un » incansable » explorador de aventuras.

Era una foto impresa en un folio tamaño din A4 cubierta por un portafolio.

Me acercó » su tesoro « con sumo cuidado ( ni siquiera me dejó tocarlo ).

– Mira… este soy yo con el Rey. Es la primera vez que vino a verme y me dio la mano.
Cuando tengas ganas de llorar recuerda siempre esta foto, y a mí, y siempre sonreirás… porque una chica como tú no puede estar triste.

El caso es que han pasado casi cinco años… y aún hoy SONRÍO al recordar aquel gran hombre que un día me hizo reír… hasta brillar.

Para él aquella foto era lo que le motivaba cada día, lo que le llenaba de fuerza… y hasta de paz.

Lo que él no sabe es que a mí aquél día me enseñó una de las lecciones más importantes, una que jamás podré olvidar

porque me enseñó a mirar la vida con otros ojos… diferentes… inocentes…desde el respeto… con humildad.

Y son los ojos con los que quiero seguir » hurgando el mundo «… desde el principio… hasta el final.

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